SEÑOR JUEZ

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A confesarme he venido…

Si, su señoría, culpable he sido.

En mi defensa solo puedo decir que el corazón me ha obligado.

Compréndame Señor Juez, que resistir no he podido.

Eran sus ojos tan pillos, y todo él, tan dulce y tan tierno…

Intenté por todos los medios no ceder a mis instintos, pero confieso que débil he sido.

Me acuso culpable de invasión de privacidad, de tomar lo que no era mío, pero si usted fuera mujer también hubiera cedido…

A los hechos me remito y al aplicar sentencia, tenga en cuenta que a confesarlo he venido.

Entré en su perfil, y sin su permiso tomé tres fotografías de un guapo chico en su despampanante moto.

No me limité solo a eso, empecé a fantasear con la idea de que él me invitaba a dar un paseo, y yo con la excusa de que me iba a caer, me abracé fuertemente a su cintura, aprovechando que íbamos a gran velocidad,  también apoyé mi pecho a su espalda, no fuera que así sucediera.

El viento en mi cara, jugaba con mis cabellos, yo aproveché para escuchar los latidos de su corazón junto al mío.

¡Ah! pero le juro que más no ha sucedido, no porque no lo haya querido, sino porque el reloj junto al mi almohada me lo ha impedido… (ja ja ja)

Acepto que no fueron tres, tomé todas las demás.

Me acepto atrevida y traviesa. Pero, Sr. Juez, no engaño ni miento, siempre digo lo que siento sin remordimientos ni espavientos.

Arrepentida no estoy, son pequeñas fechorías que en sueños he disfrutado.

A mi favor solo tengo que decir que el chico me ha cautivado. Una y mil veces lo soñaría y lo disfrutaría.

Dicte ya su sentencia, que gustosa he de cumplir la condena. ¡Me compensa la faena!

Autora:
Lucía Uozumi.

(Derechos Reservados)

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